La bicoca de parir
es un artículo de Montserrat Peña Sarasua publicado en el nº del 1 de agosto de 1999 en GARA.
Montserrat Peña Sarasua
La monitora del grupo de gimnasia pre-parto habla de las tendencias actuales: volver a lo natural con la máxima seguridad, claro. "Las cosas no cambian si nadie se molesta en pedir y volver a pedir su cambio", nos incita a la reivindicación y a la política activa.
Lo natural es la dilatación mientras se camina; pero los anticuados medios técnicos de Osakidetza (Servicio Vasco de Salud) exigen que la dilatante permanezca casi tumbada y pegada por los sensores de monitorización de sus constantes vitales y las del futuro bebé.
Lo natural es parir en vertical, para que la gravedad contribuya a la expulsión con menor esfuerzo. La comodidad del personal médico y la falta de instalaciones adecuadas condenan a las parturientas a ejercer en horizontal, y con las piernas señalando al techo.
La epidural costó tiempo que se generalizara para evitar los dolores de la madre, a veces exagerados. Se sabe que el parto en agua distiende la musculatura y evita dolores, además de suponer un trauma menor para el nuevo respirante. Otra vez Osakidetza no tiene medios suficientes para satisfacernos.
Se sabe que cuando se acerca la fecha del parto las piernas se hinchan, y que el remedio es comer sin sal, hacer reposo y tener siempre (excepto al caminar) las piernas más altas que el resto del cuerpo. Sin embargo, en el mismo centro de gimnasia donde se dan tan estupendos consejos y se nos ponen vídeos para que envidiemos las técnicas extranjeras, las gestantes pasamos 120 minutos sentadas, sin un descanso para pasear y sin un mísero escabel (para elevar las piernas), en sillas incómodas e inadecuadas. Una que tiene los pies como melones doloridos se tumba ante el resto del grupo; pero luego se vuelve a sentar, porque se duerme o se siente incómoda por las miradas.
Se sabe que la Constitución española garantiza la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Fijémonos en una ley básica, como el derecho al trabajo. Lo que a nivel de ley orgánica queda tan bonito, se comprueba en el día y en leyes más concretas, que no funciona, que es como un cuento de hadas: bonito, pero irreal.
Seguimos siendo las mujeres las que parimos, y eso, de momento, no lo ha cambiado ninguna ley ni ninguna técnica científica. Las empresas contratan preferentemente a los hombres porque no paren, y luego a las solteras o mujeres cuya situación hace más improbable que tengan descendencia. Para encontrar trabajo muchas veces tenemos que mentir, avergonzándonos en público de nuestra proyección familiar. ¿Tendremos que presentar certificado de infertilidad para poder conseguir empleo? Alguien se quejará de que la tasa de natalidad es baja. Demasiados bebés vienen al mundo, teniendo en cuenta las pocas compensaciones sociales que se dan a las madres por la larga y molesta gestación, el traumático parto (que es casi siempre una operación quirúrgica), y la crianza del llorón. Ser madre es ser heroína.
Para acabar de rematar la patraña, se nos dice insistentemente que dar de mamar a nuestro bebé es lo mejor para su salud presente y futura; se nos prepara técnica y conciencialmente para que seamos lactantes con éxito, y si no, es que no queremos lo suficiente a nuestro bebé. Estupendo: amamantaremos. ¿Qué tal un año? Me quieren explicar ¿por qué se nos presentan tantas trabas prácticas en el terreno laboral si queremos dar de mamar? ¿Podemos interrumpir nuestro trabajo cuando sea necesario? ¿Podemos dejar el churumbel cerca de nuestro puesto de trabajo para asistirle?
En la práctica, no. Dar de mamar significa perder un año de vida laboral. Con suerte nos darán excedencia sin cobrar. ¿Significa eso eso que durante ese año tenemos que depender del sueldo de otra persona, que puede ser el padre? ¿Hay ayudas sociales que compensan el abandono temporal de trabajo por lactancia, que al fin y al cabo no es un trabajito fácil, aunque se haga con todo el amor que se le supone a una buena madre? Si dar la teta es un servicio que la madre hace para reducir las consultas psiquiátricas, la incidencia de la osteoporosia, y muchas otras espeluznantes enfermedades que acosarán a nuestra descendencia y a la sanidad pública, si es un servicio de prevención que repercute en el interés general: ¿por qué es un servicio público no remunerado? ¿Por qué ha de ser el expediente laboral y el bolsillo de la madre los que soporten el costo del servicio sanitario preventivo de tan largo alcance? ¿Qué no harán las madres por sus bebés? Lo harán todo, incluso dar gratis de mamar durante un año.
Para las madres progresistas se abre la posibilidad de contratar los servicios de una haya o ama de cría, que provea de la leche materna necesaria al recién nacido o nacida. Además tendrán la satisfacción de crear un puesto de trabajo y empezar a valorar una labor doméstica exclusivamente femenina. ¿Quién acarreará con los gastos de este tipo de lactancia? ¿No debería pagarla el Estado? ¿No se gasta el Estado nuestros dineros en construir, vestir y mantener lujosos museos, para que no seamos zoquetes, tengamos algo que visitar y nos empapemos de cultura? ¿No se van en culturizarnos miles de millones de pesetas, y poca gente hace aprecio? ¿No es importante la salud de los bebés y de las personas que serán adultas? ¿Por qué no paga el Estado un año de lactancia para cada niña y niño, no es un derecho irrenunciable de cada persona? La enseñanza básica es gratuita y obligatoria, la salud básica, en cambio; ¿por qué no? ¿Es mucho pedir?
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